Liderazgo Escolar y Autonomía de los y las Directoras en Chile

Liderazgo Escolar y Autonomía de los y las Directoras en Chile: Una Reflexión a partir de los Resultados del Estudio TALIS 2013

Recientemente fue publicada la última encuesta TALIS proporcionada por la OECD con los datos recopilados en el año 2013. Los resultados entregan interesantes puntos de comparación entre los países más desarrollados, aquellos que se encuentran en el promedio OECD y Chile. En esta columna nos detendremos en el segundo factor intra-escuela que promueve el éxito en el aprendizaje de los estudiantes: los directores y directoras escolares. En promedio, según los resultados OECD, los directores en Chile poseen 21 años de ejercicio profesional y 9 años de experiencia en cargos directivos, contando con 52 años de edad promedio. Es interesante notar que en todos los países encuestados, así como también en Chile, el número de directores con 40 años o menos es notoriamente bajo (6,3%). En términos de género, Chile presenta 53% de directoras y 47% de directores. Algo distinto al promedio OECD donde la mayoría de los líderes escolares son de género masculino (53%). ¿Qué prácticas reportan los directores/as escolares en Chile en comparación a sus pares en otros países OECD? Un buen director escolar sabe gestionar el currículo. Una práctica clave dentro de esta área es la observación de clases. De acuerdo a los resultados TALIS, el promedio OECD señala que un 40% realiza visitas al aula con frecuencia o con mucha frecuencia. Este porcentaje es bajo y demuestra que los directores no dedican tiempo suficiente para estar más involucrados con el hacer pedagógico en las aulas de los establecimientos. En Chile, la política pública ha impulsado las visitas al aula como una práctica clave para fortalecer la docencia. Pareciera ser, en base a los resultados de TALIS, que este impulso ha tenido resultados. Chile se encuentra en el 9° lugar por sobre el promedio OECD y por encima de países como Japón, Singapur y Nueva Zelanda, con más de 71% de los directores que señalan realizar visitas al aula con frecuencia o mucha frecuencia. Es más, esto se puede confirmar desde nuestra experiencia en el diseño y ejecución de programas de formación directiva desde el 2008. Anteriormente, los directivos se resistían, hoy día aceptan la observación en el aula como una práctica internalizada. En su conjunto, estos resultados nos muestran que la política pública en Chile ha sido efectiva en comunicar a los directores y directoras las expectativas respecto de su quehacer. Lo que estos resultados no muestran es cuán efectivos son los directivos al implementar estas prácticas tanto a nivel de sus competencias individuales y como a nivel de las condiciones organizacionales y sistémicas que posibilitan la efectividad. En el sistema chileno se observa escasa autonomía de los directores para seleccionar y contratar profesores, desvincular o suspender a docentes con mal desempeño, establecer incentivos salariales de acuerdo al desempeño, implantar medidas y procedimientos disciplinarios, seleccionar materiales pedagógicos, decidir el programa de estudios, entre otros. En todas estas dimensiones Chile está por debajo del promedio OECD. Con respecto a la asignación presupuestaria dentro de la escuela, sólo un 20% de los directores en Chile reporta tener autonomía. En comparación, entre los países que participaron en TALIS el promedio alcanzó más del 40%. Estos datos demuestran que los directores en Chile tienen restricciones importantes en su poder y autonomía para liderar y gestionar los procesos de mejora escolar. Esta situación es preocupante, ya que las restricciones a la autonomía se dan en un contexto de mayores presiones de rendición de cuenta. Por ejemplo, los directores deben cumplir con los convenios de desempeño que firman con el sostenedor al asumir el cargo, con las metas de los PME, con los estándares indicativos de la Agencia de Calidad, y con las normativas sujetas a inspección de la Superintendencia de Educación. La evidencia de TALIS muestra que la gran mayoría de los directores y directoras en Chile señalan cumplir en mayor o menor medida con los lineamientos establecidos por las políticas públicas nacionales. Cabe preguntar en qué medida, las políticas públicas están atendiendo adecuadamente a las necesidades de autonomía que la literatura internacional señala como una de las clave del mejoramiento del sistema escolar. Esta autonomía no es necesariamente sólo una cualidad individual, ya que también se sabe que es a través del trabajo colaborativo, entre todos los miembros de la comunidad escolar, que se logra mejorar. En Chile, se requieren políticas que ofrezcan un adecuado balance entre las decisiones centralizadas y las decisiones distribuidas a las comunidades escolares. Mientras desde el CPEIP se avanza en fortalecer la calidad de los programas de desarrollo profesional para directivos escolares, se requiere simultáneamente avanzar en repensar la distribución de la toma de decisiones que impactan la mejora escolar. Los programas de formación directiva necesitan desarrollar en los directores las prácticas que permitan conocer y diagnosticar la situación de los establecimientos para determinar en base a la evidencia disponible las fortalezas desde las cuales abordar los desafíos. Estratégicamente los directores necesitan saber negociar con los niveles de liderazgo intermedio los espacios de autonomía que las comunidades escolares requieren para gestionar los resultados de los numerosos instrumentos de rendición de cuentas. Tiene poco sentido profesionalizar la dirección escolar, si luego los directores no son los que finalmente toman las decisiones relevantes para liderar y gestionar cambios.

Fuente:LIDERES EDUCATIVOS – BOLETÍN N°4 – diciembre 2016

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