La importancia del sueño para el aprendizaje

Se solía pensar que el sueño era un momento en el que el cerebro se tomaba un descanso, dejando de lado las funciones vitales como la respiración. En realidad, algunas partes de nuestro cerebro son más activas durante el sueño que cuando estamos despiertos (Kahn y otros, 1996). Entre la infancia y la edad adulta, pasamos más de una tercera parte de nuestra vida durmiendo, mientras que el cuerpo repone energía y el cerebro reprocesa las experiencias acumuladas durante las horas de la vigilia.
Los experimentos con seres humanos han dado resultados parecidos, ya que labores recientes (Fischer y otros, 2007; Backhaus y otros, 2008) subrayan los efectos para el aprendizaje a largo plazo del sueño, inclusive en los bebés. Los niños que duermen una siesta antes de que pasen 4 horas de la exposición a un lenguaje artificial, recuerdan la estructura gramatical general de ese lenguaje 24 horas más tarde, mientras que los que no duermen no dan muestras de recordar dicho lenguaje (Hupbach y otros, 2009). Estos datos corroboran la tesis según la cual las frecuentes siestas de los bebés desempeñan un papel esencial en la consolidación de conocimientos dentro de la memoria a largo plazo.
Daniela Zavala

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