La experiencia en carne viva: Monique Markowicz visita nuestro establecimiento

Monique Markowicz, es una mujer sencilla y humilde, de 83 años, de ojos verdes y rostro pálido, nació en Francia, en la ciudad de París, en el año 1933. Vive en Chile desde la década del ochenta y hoy es una de las principales activistas de los Derechos Humanos en Valparaíso. Durante esta semana, dio testimonio su vida a los alumnos del 1° año C, E y G, víctima de la 2° Guerra Mundial. Tenía 6 años al comienzo de la guerra, donde vivió la triste separación de sus padres judíos, quienes debieron vivir en la clandestinidad por más de 5 años. Tiene dos hijos y un hermano mayor, nunca conoció a sus abuelos, y perdió a toda su familia en los campos de Hitler, sólo se quedó con sus dos padres y su hermano, y ha vivido para contar aquello que impactó al mundo y que hoy es parte del currículum de Historia y Ciencias Sociales en 1° año medio.
Al comienzo se planteó el objetivo de la clase, el que era reflexionar sobre los peligros de las guerras y las dictaduras, valorando los derechos humanos. Los jóvenes vieron un documental sobre los diversos horrores de los nazis en los campos de concentración, los experimentos médicos, el maltrato físico y psicológico.
Luego, con aquel acento francés que nunca ha desaparecido de su lenguaje, prefirió que los alumnos le preguntaran sobre su vida, para hacer un coloquio. Los estudiantes, siempre curiosos y atentos a sus palabras, preguntaron sobre la suerte que tuvo al salvarse de los campos de exterminio, que si había conocido o visto a alguna vez a Adolf Hitler, que cuándo se vino a Chile, que si vivió toda la guerra en Francia, que cómo había vivido el miedo de la guerra, qué cosa comía, que cómo eran las calles de los campos, que cómo se escondió y sobrevivió…
“La guerra la viví con miedo y rabia”, sentencia Monique, no entendía nada de lo que pasaba, incluso la palabra judía nunca la había escuchado, y nos cuenta que de repente la gente la empezó a mirar extraño, a tratarla de manera peyorativa y agresiva, y nos da a conocer que cuando se peleaba con su mamá le gritaba: ¡¡judía!!, sin saber ella a sus cortos 6 años qué significaba aquella palabra, hasta que un día la madre le dio un manotazo, no entendiendo el porqué de la acción, ahí le explicó a Monique que ella también era judía: así vivió su infancia.
Quizás lo más traumático para una pequeña era lo que tenía a la vista, los militares nazis, siempre gritando y tratando mal, por esto hasta el día de hoy, el uniforme militar no le gusta, le atemoriza, le recuerda aquella infancia de sufrimientos, en la cual tuvo que vivir cinco años escondiéndose con su familia, en diversas casas, en diversos pueblos para sobrevivir, y poder contarnos su historia en el día de hoy.
Después de la guerra tuvieron que luchar con sus padres para recuperar su departamento, en aquel entonces ocupado por los nazis, mientras tanto, debían dormir hacinados con otros judíos, comenzaba la época de aprender de historia y prepararse para una vida de lucha que dura hasta el día de hoy, le gustaba estudiar en los trenes de Francia después de la guerra, pues eran cálidos y podía viajar por la bella ciudad. Finalmente, reflexionamos entre todos sobre la actualidad, sobre el sufrimiento mapuche, la guerra en Palestina, los campos de concentración de la dictadura militar, la desaparición de personas, y de cómo actualmente, debemos de buscar y construir un mundo de paz y armonía, para de esta forma lograr mejorar cada día nuestras formas de vida. Es así como este tipo de acciones nos permiten ir formando mejores ciudadanos, que conozcan sus deberes y derechos, que logren comprender la necesidad de mostrar actitudes de empatía por el sufrimiento que producen las guerras y valorar la paz y la resolución pacífica de conflictos entre las naciones, era ese finalmente el objetivo transversal de la clase de historia del jueves.

“Para nosotros, que siempre hemos luchado por algo, no es extraordinario”, dice modestamente. Nació en París, y tenía seis años de edad cuando la Segunda Guerra Mundial estalló. Sus padres eran comunistas polacos y judios. En la década de 1920, su padre fue perseguido por el régimen del mariscal Pilsudski; su madre huyó de la miseria del barrio judío de Lodz. En París, en 1939, su padre se tiene que ocultar. Monique y su hermano Romano se encuentran en el Ain con su madre. Estuvo a punto de entrar en la casa de Izieu, lugar donde escondían niños judíos. Ella dudó de entrar a este lugar siendo una niña. Esto salvó su vida. En abril de 1944, la Gestapo detuvo a cuarenta y cuatro niños de Izieu y los envió al campo de concentración de Auschwitz. Ninguno volvió. Entre ellos, un compañero de clase de su edad.

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