Educar para la comprensión, educar con conciencia de Principitos

Si queremos tener a una sociedad inclusiva, existe una base imprescindible que tenemos que desarrollar: La compresión.
La comprensión es la apertura a la experiencia, la antítesis del prejuicio, por eso es fundamental que la educación inclusiva empiece en las primeras edades y se incruste en los ojos puros de los niños.
La historia de El Principito de Antoine de Saint- Exupéry, nos muestra la mirada comprensiva del protagonista, el cual emprende un viaje en el que se dispone a conocer la diversidad del universo, visitando distintos planetas. Lo suyo es la disposición porque en ningún momento intenta cambiar lo que está conociendo, sino que lo que busca es comprender los contextos que está experimentando, a pesar de que las personas con las que se encuentra tienen una vida muy distinta la suya, exhibe su respeto por la humanidad. El Principito nunca excluye, simplemente sigue su viaje incorporando aprendizajes.
Quizás, la clave sea educar para tener conciencia de Principito, es decir, convertir la diferencia en un valor añadido que la propia sociedad asuma como una riqueza imprescindible e irrenunciable.
La educación para la comprensión es una forma de tejer bienestar desde la diversidad, ya que nos acerca el uno al otro y nos humaniza a través del diálogo.