Caminando la vida “Visita a un recinto penitenciario”

Actividad Inédita en la región efectuada con escolaresSin título

Hoy en nuestra sociedad, específicamente en nuestros colegios, la droga es un tema que cada día está más presente. Nadie puede taparse los ojos y no ver lo que pasa con nuestros jóvenes que se acercan a este mundo  por distintas razones, sin darse cuenta las consecuencias que podría traerles a futuro.

Es por ello que el Instituto Marítimo este año implementó dentro de sus actividades un Programa de Prevención de drogas que se inicia con un diagnóstico sobre el consumo de drogas a todos los estudiantes del establecimiento, de manera de  realizar medidas correctivas pertinentes, eficientes e innovadoras.
Si bien es cierto el tema de la droga no es el más relevante en el establecimiento, es un hecho que se ha ampliado a los diferentes niveles de la sociedad en forma peligrosa; por lo tanto hay que preparar a los jóvenes y combatir este flagelo que destruye a los más débiles y vulnerables.

El Departamento de Orientación, compuesto por los psicólogos Gabriel Sánchez, Priscila Pino, el asistente social, Francisco Morales y la orientadora Marcela Gamboa, conscientes que este tema tienen muchas aristas,  decidió junto a la dirección del establecimiento diseñar un programa que enfrentara a los estudiantes monitores,  a situaciones de la vida real en donde compartieran con personas que han sufrido con la drogadicción y decidieron llevar a un grupo de 38 jóvenes de primero a cuarto medio, a compartir con internos del recinto penitenciario de Playa Ancha para conocer su experiencia y generar una reflexión sobre los riesgos y peligros que puede traerles infringir la Ley 20.000.

Por esta razón, se coordinó una visita con el Coronel Carlos Muñoz, quien nos recibió en el penal porteño junto a su grupo de oficiales, para darnos la bienvenida y explicarle a los jóvenes las normas de seguridad que son necesarias dentro del recinto.

Al comienzo los chicos se reían con la situación de poder “quedarse dentro”, pero a medida que pasaban los minutos y veían en su recorrido las condiciones que significa estar encarcelado, ya no tenían tantas ganas de bromear. En esa instancia y en un pabellón con reos de buena conducta, los jóvenes se separaron en grupos para escuchar la experiencia de personas que llevan varios años privadas de libertad, muchas de ellas más tiempo del que han vivido libres.

Aunque en general las personas aprendemos por nuestras propias experiencias, se pudo ver en la cara de cada uno de nuestros estudiantes, el impacto de lo que observaban y el aprendizaje que lograron con las palabras y mensajes de los internos.

Para nuestra directora, Natacha Méndez, esta puede ser una terapia de shock, pero es necesario que los jóvenes vean y reflexionen sobre lo que viven. “En el Instituto apoyamos a los jóvenes de muchas maneras, les damos varias oportunidades, pero son ellos los que deben estar dispuestos a hacerse cargo de sus errores y tener la suficiente madurez como para cambiar y ser personas honestas y de bien”, manifestó.

Por su parte el Coronel Muñoz explicó que esta es una excelente instancia para que los jóvenes pregunten lo que quieran saber y puedan disipar las dudas que tengas respecto al tema penitenciario además de resaltar la importancia de la labor social que hace Gendarmería trabajando con personas que a futuro puedan ser reintegradas a la sociedad.

Junto al director de la Escuela Municipal que existe dentro de la cárcel, nuestro directora visitó algunos de los talleres en los cuales participan los internos destacando los de mueblería, trabajo en madera, cuero y joyería, entre otros, pudiendo admirar prolijos trabajos, muchos de los cuales son vendidos a la comunidad.

Esperamos que los estudiantes que vivieron esta experiencia puedan replicarla y contársela a sus compañeros para que sientan el peso de lo que significa involucrarse en temas de drogas, pues la cárcel está más cerca de lo que creemos.